Nuestro bebé… ¡es sordo!

On 16 enero, 2013 by elixabete
Comentar Aqui
Gracias por tus comentarios
Como ya alguna vez os he comentado, existen muchas cosas que hacen que los sordos no formen un grupo homogéneo. Ya os hablé en esta entrada sobre los tipos de sordera y hoy quiero centrarme en una de las cosas más importantes para una persona sorda (en realidad, para cualquier persona): su familia.

Tenemos que tener en cuenta que, durante los primeros años de vida, el contacto que tenemos con el mundo exterior se produce a través de la familia, es decir, es nuestra familia la que nos va a ofrecer una educación, un idioma y una actitud ante la vida (aparte de otras muchas cosas, claro está).

Imaginad una pareja joven que decide tener su primer hijo, una de las alegrías más importantes en la vida de una pareja, y su ilusión se ve “entorpecida” porque descubren (generalmente tarde, ya que los médicos a veces tardan en diagnosticar) que su hijo es sordo. ¡Esa pareja ni siquiera sabe qué es un sordo y nunca ha tratado con uno! (Recomendadles este blog ;) ).

Imagináis más o menos lo delicado del tema en los primeros momentos de la vida del niño o niña, ¿no?

El autor Oliver Sacks, en su libro titulado “Veo una voz”, comenta cómo el diálogo que un niño o niña tiene con su madre es sumamente importante, ya que un diálogo rico en la infancia fomenta la imaginación y la inteligencia. Por esto, y por muchas otras cosas, es muy significativa para una persona sorda la manera en la que su familia más cercana asume su sordera.
Pero, ¿cómo asume la familia la sordera de su nuevo miembro?

Pues la forma de asumir la sordera de un hijo depende, fundamentalmente, de tres factores:
 
 - La actitud previa de los padres ante la sordera.
 - El estado de relación de la pareja.
 -La aceptación de las obligaciones y limitaciones a nivel afectivo y económico.
 
Los problemas suelen empezar con el diagnóstico, ya que los padres saben que a su hijo le pasa algo, pero no saben qué y muchas veces la sordera es en lo último que se piensa.
Pero, una vez que se tiene el diagnóstico adecuado, los padres descubren que las expectativas que tenían acerca de su paternidad y maternidad no tienen nada que ver con la situación real a la que “se enfrentan”. Esto deriva en diferentes reacciones:
Conmoción y aturdimiento
Los padres no se sienten preparados para asumir la sordera sobre su hijo, tienen poca información y la situación les supera, ya que no tienen las herramientas necesarias para hacer frente a la situación.
Pena y culpa
Este sentimiento es muy natural en los padres, sobre todo si la sordera tiene una causa desconocida y la sensación de culpa puede alargarse toda la vida, lo cual puede derivar en una sobreprotección extrema hacia el niño.
Negación
Muchas veces, los padres tratan de negar lo evidente, no aceptan la realidad y guardan la esperanza de que sus hijos se curen.
Reconocimiento
A veces, los padres asumen bien la sordera de su hijo o hija, entienden que el nuevo miembro de la familia tiene unas necesidades especiales y que son ellos los que las tienen que satisfacer, por lo que hacen todo lo que está en sus manos para lograrlo.
 
 
En el caso de padres sordos, estos ya están familiarizados con la sordera y saben cómo es vivir siendo sordo, por lo que comprenden mejor las necesidades de sus hijos y les resulta menos difícil aceptar el hecho de que su hijo sea sordo.
Los padres oyentes pueden tener diversas reacciones cuando su hijo nace sordo al no comprender lo que supone la sordera.
Es posible que los padres oyentes acepten la sordera de sus hijos, en ese caso, los padres hablaran de manera natural del tema y tratarán de buscar soluciones para facilitar la comunicación de su hijo, por ejemplo, por medio de prótesis auditivas.
Es posible, también, que los padres tengan una reacción de rechazo hacia su hijo. Este rechazo puede ser de diferentes niveles, siendo el más extremo el abandono del hijo, dejándole al cuidado de los abuelos o incluso internándole en algún centro.
En ocasiones, los padres quieren que sus hijos lleguen a ser perfectos y que estén sanos, por eso les someten al perfeccionismo y a una actividad educativa muy intensa, como compensación al “handicap” que tienen.
Pero, en mi opinión, la reacción que más se da es la de la sobreprotección, es decir, un exceso de afecto y cuidado que corta la libertad y el libre desarrollo de la persona, haciendo, por ejemplo, que el niño no se relacione socialmente con otra gente. Es una actitud muy común creada, en parte, por la desinformación, algunos padres oyentes creen que su hijo no será capaz de llevar una vida normal sin su ayuda.
 
De todo esto se deduce que aún nos falta muuuucha información con respecto a la sordera en la sociedad en general, ¿no creéis?